El amor suma potencialidades

El amor suma potencialidades

Nos hallamos en un espacio de encuentro, de explorarnos, de descubrirnos. Cada uno de nosotros se presenta con sus heridas del alma, en su propio proceso de salud. Las carencias de contacto, las diferencias normativas y educativas en los distintos espacios de crecimiento infantil, los espacios de sociabilización, las armaduras emocionales con las que nos hemos protegido para sobrevivir en nuestros pequeños mundos de intimidad… Nos hemos construido una imagen del “yo soy…” encuadrada en juicios de una “moralidad impuesta”.

Somos una caja de pensamientos, emociones y vivencias. Al principio esta caja era un espacio ilimitado, pero, poco a poco, nos pusieron límites, otros nos los auto impusimos para permanecer vivos en nuestra sociedad, en nuestro entorno. Crecimos sujetos a la ley de castigos y premios. Repetimos los patrones aprendidos y heredados… A pesar de ello, no nos dejamos llevar por la ley de la inercia, lo “imposible” nos impulsa hacia lo creativo. Estamos creando nuestra coreografía de a dos, ofreciendo y asumiendo nuestros pesos hasta alcanzar el equilibrio. Este aprendizaje exige conocimiento, tiempo, cierto esfuerzo, práctica, paciencia, perder el miedo, caer al suelo y hallar el modo creativo de ir hacia arriba.

Cada uno puede creer y confiar en si mismo, creer y confiar en el otro, y así, creer y confiar en la suma de potencialidades que nos brinda el amor, la comprensión, el no juicio, la relatividad… Esta es nuestra danza, de ella saldrán un sinfín de imágenes encuadradas en espacios menos limitados, en espacios donde el contacto y el afecto no sean carencias, en espacios de luz. Quiero habitar el espacio de nuestras pieles en contacto, quiero habitar el espacio de nuestras almas en crecimiento y amor. Quiero habitar cada espacio común con conciencia, escucha, honra, gratitud. Quiero crear una relación donde el color nos capacite para vivir la alegría y nos impulse a caminar sobre el arco iris de luz, que resplandece entre tu corazón y mi corazón; y mas que caminar, bailar con pies suaves, sin preocupaciones (cuanto más te preocupas más tienes que perder); ocupándonos en el aliento compartido, brillando como estrellas, comprometidos en la realidad de nuestros movimientos, conectados con los elementos en la simpatía universal de dos seres amables, viajando en el placer de positivizar cada paso.

El fracaso nos tiende su mano, nos dice con su voz rotunda: no eres capaz, no mereces, no eres digna/o… y nos envía mensajes de incapacidad desde el “jamás”, el “nunca”… El fracaso nos invita a sentirnos hundida/o, nos impulsa hacia el abandono, hacia el destino solitario e irreparable de nuestra propia negación. No somos fracaso, aunque podemos sentirlo. Somos agua, tierra, aire, fuego. Somos poder. Un poder que nos capacita para subyugar el desánimo, para ver el azul por encima de las nubes, el azul inmenso e infinito. Necesitamos afirmarnos, positivizarnos, empoderarnos de nuestro azul, luz, vida, salud, energía. Alcanzar la felicidad compartida. Entender que los valores no son manos abiertas o puños; son manos en su totalidad, abiertas + cerradas. Los valores de nuestra existencia son manos, manos y pies, pechos y espaldas.

Tú + yo, yo + tú desapareciendo en el nosotros. Me da miedo. Es un espacio desconocido, incierto… pero estoy dispuesto a esta entrega incondicional… como un niño que nace y se entrega a lo nuevo, tembloroso y radiante, expectante y atento, aprendiendo, dando pasos, pequeños pasos entre la firmeza de mi poder y la indudable fragilidad de mi ser.